sábado, 30 de octubre de 2010

El amor...

El amor se torna vulgar cuando intentamos racionalizarlo.
El porqué de esta dramática afirmación excede ostensiblemente mi entendimiento,
pero no a mi intuición. Me explico:


La única forma de acercarnos a una descripción medianamente honrada del amor, es a través de la poesía,
y las razones de ello son muy sencillas:
el lenguaje humano es una herramienta para comprimir largos procesos mentales
y reducirlos a un concepto asimilable por todos,
o la mayoría, según sea el caso.
Pero el amor no puede reducirse a un sólo concepto; su reducción dialéctica, por más elaborada que sea, sigue siendo el eco de un reflejo, una sombra que transmite una idea, pero no sus particularidades.

Ahora bien, la poesía trabaja de forma diferente;
NO intenta ser clara, ni pretende consumar una explicación reduciéndolo a oraciones
y párrafos encadenados.


La poesía escarba en la mente del LECTOR (SÍ, del lector)
y de allí saca las formas, tonos y texturas con los que urdirá su trama.

Un buen poeta NO NECESITA abundar en detalles circunstanciales,
él sabe que el lector, dentro de esa selectiva e inabarcable biblioteca que llamamos MEMORIA,
llenará con sus propias imágenes y recuerdos
los rostros y paisajes que
EL POETA APENAS HA INSINUADO....